Junio trajo una de las mejores noticias del año en el frente inflacionario mexicano. El dato de mayo, publicado a inicios de junio, mostró que la inflación general cayó a 3.94% anual, regresando finalmente al rango de tolerancia de Banxico de entre 2% y 4%, después de varios meses fuera de ese margen. La caída mensual del INPC de -0.21% se explicó sobre todo por descensos en electricidad y en frutas y verduras, aunque la inflación subyacente —la que el banco central vigila más de cerca— se mantuvo más rígida, en 4.19% anual, todavía por encima del objetivo puntual de 3%.
Con ese telón de fondo, la Junta de Gobierno de Banxico se reunió el 25 de junio en su cuarta decisión del año y confirmó lo que el mercado ya esperaba: mantener la tasa de referencia sin cambios en 6.50%. Lo más relevante no fue la decisión en sí, sino la forma en que se tomó: por primera vez en varias reuniones, el voto fue unánime, con los subgobernadores Jonathan Heath y Galia Borja —quienes durante el ciclo de recortes habían favorecido mantener la tasa sin cambios— sumándose esta vez al consenso. Banxico justificó la pausa señalando que la inflación general continuó desacelerando, pasando de 4.45% en abril a 3.55% en la primera quincena de junio, su nivel más bajo desde finales de 2025. El tipo de cambio se mantuvo relativamente estable durante el mes, cotizando en un rango de 17.17 a 17.60 pesos por dólar, en parte sostenido por el diferencial de tasas frente a Estados Unidos.
El factor que más pesó sobre esta decisión fue externo: la postura marcadamente más restrictiva que adoptó la Reserva Federal a mediados de mes, la cual reduce el margen de Banxico para disociarse de la Fed sin presionar al peso.




